Maruja sale de agujero negro

 

Los agujeros negros son los lugares del Universo en donde Dios dividió por cero.

Steven Wright (1955, – ; Massachusetts). Cómico, actor, escritor productor de cine

sad man sitting in the tunnel

 

El día 14 de octubre fue el Día Mundial de los Cuidados Paliativos.

El 18 de octubre de 2017, @Primera_vocal nos contó cómo un agujero negro se tragó a Ibrahim en la unidad de psiquiatría del Hospital Gregorio Marañón.

Yo contaré el caso de Maruja, excompañera de D. José en una residencia geriátrica pública de Asturias. Ella sí tenía apellidos, número de la seguridad social, vecinos, familia y emociones. Por eso he podido reconstruir una parte de su historia. Más personas estuvieron cerca de ella, algunas al borde de ser tragadas también.

ADVERTENCIA A LOS LECTORES: los nombres de personas que se utilizan en esta entrada son ficticios, pero se corresponden con personas reales. Las vivencias que relato son una pequeña porción de las que he tenido como implicada en los cuidados D. José, fundamentalmente en dos residencias geriátricas públicas. Obviamente son experiencias personales e intransferibles. No se pretende ofender a ninguna institución, ni a personas concretas, ni establecer comparaciones de ningún tipo.

MARUJA llegó a la residencia en julio de 2015. Era una octogenaria con una enfermedad neurológica degenerativa evolucionada; había convivido y sido cuidada en sus últimos 4 años por su único hijo, que sufría los signos de un cuidador desbordado: sentimientos de soledad, sobrecarga, agotamiento, culpabilidad, desesperanza…. Ambos acostumbraban a hacer largas caminatas juntos, hasta el mismo día de su llegada a la residencia. Su problema es que mostraba problemas conductuales, por ejemplo, pedía auxilio asomándose a la ventana en cuanto se veía sola en casa y sin posibilidad de salir (¿¿??); se calmaba cuando acudía la vecina. Yo recuerdo muy bien a la Maruja de entonces: no aparentaba su edad y tenía aspecto saludable, enjuta, erguida, y mostraba resistencia e incomprensión ante las exigencias del régimen disciplinario de la residencia -no agresiva sin más-, lo que seguramente causaría quebraderos de cabeza a los trabajadores; rara vez se la veía sentada. Respondía con una sonrisa al saludo amable, parecía feliz, estaba aún conectada al mundo, de hecho alcanzó a reconocerme como persona del entorno.  Como llegó en verano, las reuniones del personal organizativas seguramente estaban suspendidas, y la atención la realizaban en general sustitutos del personal habitual. Gracias a ello, Maruja vivió un par de meses  de adaptación a la residencia en libertad, imagino que con sus más y sus menos. Creo que en ese tiempo fue tratada profesional y empáticamente. Después he sabido que tuvo como ángel de la guardia una auxiliar eventual, amiga de la familia.

En septiembre se lesionó (fisura, esguince o similar) por salir de la cama saltando las malditas barras. La excusa perfecta para atarla, en pleno periodo de retorno vacacional de los trabajadores habituales. El día  12 de septiembre la vi por primera vez privada de su libertad deambulatoria, sentada en un sillón-trona, con evidente manifestación de disgusto por la situación. El 24 de septiembre, estaba sujeta con un cinturón a una silla de ruedas y absolutamente desesperada. Me pidió auxilio, me rogó que la liberara incorporándose sobre los reposapiés de la silla en el exiguo espacio que le permitía su atadura: “¡Nenaaaa! ¡Nenaaa…! ¡ Por favoooorrrrr…. ! ¡Mírame como estoy! ¡Esto no puede seeeerrrr….!” Y me mostraba su cinturón, forcejeando con él para retirárselo, inútilmente. Yo hubiera hecho lo mismo en su situación, sin duda.

No me quedé de brazos cruzados. Indignada, el primer día busqué algún trabajador para que la liberaran  pues no se veía nadie a la vista. Ni caso. Llamé al 112 para solicitar auxilio a las fuerzas de seguridad; el locutor se mostró interesado por la situación, ya que seguramente pudo escuchar también la desesperación de Maruja desde el otro lado de la línea. En ese momento acudió pronta una auxiliar que la liberó, murmurando no sé qué sobre un esguince, dirigiéndose a ella con esa voz de buenismo que se pone en esas situaciones, por lo que sobre la marcha informé al interlocutor telefónico que el problema parecía que se había resuelto. Al salir puse queja sobre el incidente, sin respuesta a día de hoy, aunque sí me contestaron 8 meses después a otra cuestión paralela presentada en la misma queja. Mi entrometimiento por la situación de  Maruja fue uno de los detonantes (y no el más grave, por cierto) para que se iniciara de inmediato un expediente de traslado de D. José a una residencia privada, decisión asentada sobre un informe del “equipo pluridisciplinar” de la residencia del 28 de septiembre. Además los trabajadores (directora incluida) iniciaron una conciliación contra mí por medio del sindicato UGT, argumentando que atentaba contra su honor e “incluso había puesto una denuncia relativa a una persona que no era de mi familia”. La conciliación fue debidamente contestada y murió en los juzgados; el expediente de traslado se enredó más y más hasta llegar a la fiscalía.

Mientras tanto, la situación de Maruja empeoró: para “velar por su seguridad” el cinturón de la silla pasó a ser un peto torácico y su silla pasó a tener ruedas. No hace falta ser experto para percatarse de que Maruja empezó a ser medicada para evitar su resistencia, y también empezó a encorvarse en la silla en un tiempo record, evidentemente ya sobremedicada. Incluso algún día la vi con vendajes en las muñecas, signo inequívoco de cómo pasaba sus noches. Hasta su ángel de la guardia la abandonó, bien sea porque dejó de trabajar allí, bien sea por no poder resistir el espectáculo. La exposición pública del sometimiento forzado de Maruja fue obscena, lo que parece prueba de la rutina que suponía para los trabajadores. No me extrañaría nada que alguien lo hubiera documentado con imágenes.

 Parece ser que el hijo de Maruja fue requerido para permitir la sedación que facilitara su adaptación, decisión que presupongo tomada por el equipo pluridisciplinar del centro tal y como figura en el documento de derechos de los usuarios. Estaría conforme, digo yo. Fue el mismo equipo pluridisciplinar que decidió el traslado de D. José a espaldas y para sorpresa de su cuidadora. El equipo pluridisciplinar no tiene médico incorporado. La “opinión de la persona” mucho me temo que fue absolutamente sorteada.

condiciones del centro

Maruja languideció rápidamente. Aún así, genio y figura, autopropulsaba su silla cuando tenía mínima consciencia, recorriendo los pasillos en busca de un escape. Llegó el día que la vi en el comedor incapaz de levantar la cabeza ni, por supuesto, de comer. Creo (y sólo creo) que nadie en la residencia se mostró proclive al ajuste farmacológico, ni se alarmó por su deterioro acelerado, de forma que en ninguno de sus informes clínicos (del sistema sanitario) existió la oportunidad de reflejar aquello de “deterioro no explicable por causas orgánicas”, que de vez en cuando vemos en pacientes atendidos en urgencias.

Dos meses y 10 días duró Maruja desde esa primera denuncia: cuando llegué el 22 de noviembre de 2015 (domingo) vi su expediente sobre la mesa del control. Por diversas razones, sospecho (y sólo sospecho) que el médico de guardia del centro de salud hizo el certificado de defunción por teléfono. Un expediente para ser tragado por el agujero negro. ¿Por qué murió? Quién sabe. Pudo ser parada cardiorrespiratoria – lo que no sería de extrañar en una persona de su edad en sus circunstancias-, un ictus precipitado por los psicofármacos – imposible de valorar en situación de sopor inducido-,  “causas naturales”… incluso inanición. Ese mismo día mandé un email a la cuenta que la policía indicaba en la campaña “Protege al mayor “ de RTVE, y que llegó a alguna parte puesto que no dio error, pero que no se contestó. También tuvo conocimiento la fiscalía más adelante.

Por cierto, meses después, el día 19 de junio de 2016 (domingo), también llamé al 112 con mi móvil hacia la hora de la cena para que asistieran a otra señora de la residencia que decía encontrarse muy mal. A esas horas ya no había enfermero y todas las auxiliares estaban en otra planta. El conserje se mostró muy nervioso, porque le parecía un lío recibir a los sanitarios, y su diagnóstico era que la señora “estaba aburrida”; me prohibía incluso hacer la llamada. El locutor del 112 me respondió que no podía atender mi llamaba si la hacía desde una residencia porque sólo atendían a la de los trabajadores de la misma (¿¿??). Estará grabado. No sé si la atendieron finalmente ese día, pero sí que ingresó dos días más tarde

Poco después del fallecimiento de Maruja llegó GOYO, también con un trastorno neurológico degenerativo de atención compleja y aún más conflictivo en su comportamiento que Maruja, porque además de caminar perfectamente, se empeñaba en reorganizar el mobiliario de la sala. En su vida laboral había instruido a muchos jóvenes. Llegó allí por iniciativa de sus hijos, preocupados por el agotamiento de su esposa y madre respectivamente, en espera de una plaza en otra residencia próxima al domicilio familiar. Goyo llegó ya tratado con tranquilizantes por su previo médico de cabecera, a dosis muy prudentes. Aquí tuvo que cambiar de médico. No me cupo la menor duda: también sería elegido, así que advertí a sus hijos del riesgo que corría de ser destinado a vivir para los restos con sujección en una silla de ruedas. Del tiempo que le calculé sólo me equivoqué en una semana. La excusa en este caso también fue un traumatismo (costal), que seguramente también se hizo con las barras de la cama. Y por supuesto, se le “reforzó” la medicación, con psicofármacos que vulneran por partida triple o cuádruple los criterios Beers y Stopp. En una ocasión, antes de sumergirse en su sopor crónico, le vi jugar a los indios y vaqueros con un pequeñuelo de unos 4 años, nieto de otro residente, ambos encantados. La familia de Goyo vive indignada, se quejan -sólo de palabra- de que les ocultan información sobre la medicación que recibe y, sobre todo, les sorprende que estando atendido por profesionales en ofrecer cuidados a la dependencia y en un ambiente adaptado, su nuevo médico de cabecera aplique procedimientos que no habían parecido éticos al médico anterior, cuando estaba atendido tan solo por otra persona mayor. Goyo es un hombre más joven y fuerte que Maruja, aún vive. Y allí están su esposa e hijos sin faltar a las visitas ni un solo día, apuntando como un triunfo cada día que la apertura de sus ojos es mayor que el día previo, vigilando que no se lo trague el agujero negro antes de poder conseguir el cambio de residencia. Ya llevan 2 años esperando.

También estaba MILA,  una mujer dulce y tranquila, gallega por los cuatro costados, que disfrutaba paseando como pasearíamos cualquiera. Acabó con sujeciones alentadas por su hija, que vive en otra comunidad autónoma, que sólo la visita muy de tanto en tanto, pero que decide por ella. Su hija opina que su madre no rige, así que ya no tiene opción a tomar ningún tipo de decisión sobre su propia vida. Mila se rompió el fémur incluso estando sujeta, tal vez porque lo de escabullirse como sea se ha convertido en su principal objetivo en la vida. Al fin y al cabo, qué otra cosa mejor puede hacer. Mila me intentó convencer más de una vez para que la soltara de sus ataduras, utilizando magistralmente sus armas de gallega, y demostrándome con ello que percibe perfectamente las emociones. Aún viveIMG_20160628_194333

En la residencia se prohibió explícitamente hacer fotos en todo el recinto, y tiempo después se esmerilaron los cristales de la sala de estancia-hacinamiento de los ancianos de plantas de asistidos, de modo que se obstaculizó la visualizacion mutua.

“Prohibido hacer fotos” 6/6/2016

 

La hija de LUIS, residente en el primer geriátrico donde estuvo D. José, hubo de solicitar asistencia de urgencia para su padre por intoxicación con los psicofármacos pautados tras un tiempo en la misma.  Al parecer, los trabajadores se quejaban de que se levantaba de noche y luego se desorientaba al volver a su habitación. Nadie denunció por la intoxicación, así que volvió, y allí sigue, replegándose sobre sí mismo. A su hija le causa una gran angustia ir a verle, así que no lo hace con la frecuencia que le gustaría por higiene mental. Ella es profesional sanitario y discrepa en los cuidados que recibe y que su madre consiente, así que el tema supone un conflicto familiar. Luis ingresó en contra de su voluntad y sin estar incapacitado.

MARÍA estaba en la planta de válidos y pasaba habitualmente sus horas tejiendo labores preciosas que despertaban mi admiración y, por qué no, mi sana envidia por su destreza, como la cota de malla para complementar un traje regional marinero. Era una persona resignada, discreta e inteligente. D. José y yo gustábamos de conversar con ella de vez en cuando. Su discapacidad física la tenía inevitablemente encajada en una silla de ruedas. En enero de 2016 osó negarse a poner el camisón abierto por detrás que los propios pacientes en hospital consideran como indigno, y que incomprensiblemente resultaba obligatorio en la residencia social. Incomprensible porque tenía logo de un centro sanitario, y por tanto se habría obtenido a-saber-de-dónde. Este pequeño detalle desvela ya una gran contradicción de los Servicios Sociales en referencia a lo que reconocen como buen trato, en sus estupendos manuales teóricos.  Para María, de todos modos, el mayor problema era que pasaba frío en la espalda de noche484190-hombre-en-una-bata-de-hospital.jpg. Quiso la casualidad o la mala leche (y muy mala) que, la tuvieron media hora sentada en la silla de ruedas desnuda  tras levantarla la noche de su rebeldía (insisto, madrugada en enero), lo que ella interpretó como una represalia. Se lo contó a su hija, que protestó debidamente a la directora , sólo de palabra. A eso se le sucedieron otros detalles sutiles. La vi por última vez hace un año, bastante desanimada. Supe que el penúltimo desaire fue con la  visita de los Reyes Magos a la residencia este año, fecha en que agasajan a los mayores con una pequeña merienda y regalos. ”La olvidaron” en su silla de ruedas en la habitación, y tuvo que ser acercada a la sala por la familiar de otra residente, que se percató de ello. Murió –o se dejó morir- días después, tras una agudización de su patología base.

PEDRO ya estaba allí cuando llegó D. José. Víctima de un ictus en el año previo, su familia se desvivía por acompañarle dentro del horario que les permitía la residencia. Su mujer estaba mañana y tarde, y nos amenizaba las comidas en el comedor destinado al acompañamiento familiar, cebando a Pedro al tiempo que le “animaba” y reprendía por su torpeza, en un tono y volumen que difícilmente hubiera tolerado cualquier persona cabal. Él, babeando y con la mirada perdida, hacía lo que buenamente podía. A veces se atragantaba y entonces la bronca era doble. Nunca vi a ningún trabajador explicar cómo se tenía que proceder ante una persona en tales condiciones, y el resto de familiares nos mirábamos discretamente, horrorizados. Cuando en asamblea  la Asociación  de Familiares decidió acudir a la Gerencia y la Cossejería de Servicios Sociales para exponer sus discrepancias con los cuidados promovidos por la dirección del centro, la mujer de Pedro no compartió sus argumentos. Pedro se fue pronto, supongo que descansó. No fue el único.

TINA tiene el alma rota tras su labor de cuidadora, aunque su madre murió hace más de dos años, en un geriátrico público de una localidad distinta a la de D. José. Ella y su hermana se desvivieron para darle una vida digna los 15 años que estuvo en la residencia, única posibilidad que tenían para atenderla. Pusieron una reclamación tras otra para dar visibilidad a la gran cantidad de descuidos y negligencias que veían, intentaron hacer una asociación de familiares, y ella se reunió con tres gerentes distintos en ese tiempo para exponerles sus experiencias. Le hicieron un expediente, creo que debido a que un día perdió los nervios. Tina es titulado medio y ocupa un puesto relacionado con los servicios sociales; sabe de qué habla. Sus vivencias hicieron mella en su salud: estuvo de baja durante varios meses, pero ya no quiere hablar de ese tema. Ahora es incapaz siquiera de recordar el nombre de la residencia. Le reclaman más de 80.000€ por una supuesta deuda relacionada con una aplicación irregular de la Ley de Dependencia en Asturias. Tampoco quiere saber nada de eso, así que ha puesto todo en manos de un abogado y ha renunciado la herencia.

Esta semana conocí a Mª LUISA. Fue cuidadora de su madre. Los servicios sociales le ofrecieron un mes en una residencia para “descanso familiar” … y falleció a los pocos días (en noviembre de 2008). Le asomaban las lágrimas a los ojos al contármelo.  También le reclaman por esos pocos días de estancia deuda con recargo del 20%.

D. José tuvo la gran suerte de tener unos estupendos profesionales sanitarios que le siguieron desde el primer día en su enfermedad, que incluso sabían leer entre líneas los anónimos (alguien sabrá por qué digo esto), y además tuvo la suerte o desgracia de tener una tutora farmacéutica.

En la primera residencia pública que estuvo, tuve que llevarlo a urgencias en una ocasión para ajuste de psicofármacos tras un error, presentando además una evidente sobremedicación; meses después vivió el trance que relatamos aquí , tras la cual los problemas continuaron. Sin estar sometido a psicofármacos, él estaba más despierto y fue capaz de mostrarme a alguna persona que se portaba bien y también a algunas – mas de una- que se portaban mal (una de ellas huyó acelerada al verse señalada, y se perdió por el pasillo antes de que pudiera identificarla). La denegación del bastón o  del andador era rutinaria, según la directora porque “a veces no lo coge”(por escrito). Intentaron imponerle la dieta-puré –“como todos”-,  que él no precisaba y además aborrecía, así que también hube de enfrentarme en ese tema. Llegó a mostrar signos de maltrato físico, como retirar la cara cuando acercábamos la mano. Hace 3 años que intento saber quién le atendió en la semana de su fractura de cadera, sin conseguirlo, aunque lo he solicitado por escrito a distintas instancias. DMXdMp1XUAcqHMU.jpg largeEl fin de semana antes de su traslado de centro fueron especialmente incisivos: lo encontré contenido físicamente sin orden médica y medicado con neurolépticos  para los que no se le había realizado receta de fármaco (¿obtenido de botiquín clandestino, por tanto?). El sábado se requirió al médico para ordenar tal contención, que la desestimó. Todo eludiendo su conformidad y/o la mía. Poco después me contestó el Defensor del Pueblo a mi solicitud sobre las condiciones necesarias para proceder a la contención física para la que se le presionaba, ya que a mí no me informaba nadie .

Con el cambio a la nueva residencia, tuvo el evidente síndrome de desarraigo: nuevas caras, espacios, voces y costumbres… y de nuevo la exigencia de que se sentara en silla de ruedas, con los correspondientes conflictos.

En marzo de 2015 cuando llegué un domingo por la tarde, lo encontré golpeado: mejilla derecha, nariz y labios amoratados, arañazos tras la oreja. 2015_03_15 JRR AGREDIDO 2A la pregunta sobre lo qué había pasado sólo recibí la respuesta de una sola persona: “yo no sé nada, estaba tomando el café”. Pero ya no se trataba de quién ni qué había pasaso, sino de por qué no lo habían atendido ni curado. No había enfermera y nadie llamó al médico ese día, pero tampoco el enfermero se molestó para ello al siguiente. El técnico de intervención le quitó importancia (“unas rojeces”), así que tuve que llamar yo misma. Por supuesto, vino y lo atendió.

El mismo día 12 de septiembre que vi a Maruja en silla-trona, se dio otro de los muchos incidentes de uso abusivo de silla de ruedas con D. José . ropa interiorY además, oculto lo más recóndito de su armario encontré una camiseta y un calzón completamente destrozados. Fue otra de los cuestiones aludidas en mi queja, que sí fue contestada… ocho meses después. La respuesta fue la de siempre:  culpa del anciano, en un arrebato incomprensible, sin derecho a conocer testigos ni más detalles (¡ojo! que eso implica que, como familiar y tutora, se me deniega conocer el nombre de los trabajadores que asisten a mi tutelado en momentos en los que no estoy presente). Esas dos prendas que se salvaron del agujero negro. Aparte de la queja, decidí sacar la ironía de mis reservas de resilencia.

El 24 de septiembre, cuando Maruja estaba desesperada atrapada por el cinturón, hallé a D. José empotrado contra la mesa para que no pudiera moverse. Procedimiento muy arriesgado para él y su entorno, por cierto, y con presuntas muertes documentadas.

Al primer expediente de D. José le siguieron otros dos sucesivamente fracasados, y que finalmente fueron anulados, tras una época terrible, creo que por mi solicitud de intervención a la sala de Mayores del Fiscal General del Estado, que la derivó a la fiscalía de Asturias, la cual aún así declinó investigar.

La directora del último centro en el que estuvo (que NO es personal sanitario, y careciendo además el centro de médico propio), se atrevió a poner por escrito su discrepancia respecto a las indicaciones médicas que tenía D. José, al tiempo de que se sugirió el uso de un medicamento que tenía formalmente desaconsejado o contraindicado, y que de hecho le pudieran haber resultado fatal.

La documentación e información de ese geriátrico era absolutamente opaca, se realiza en registros de papel que se nos denegó a los familiares por el procedimiento de no contestar  hasta que se les forzó, entregándose entonces unas exiguas notas, evidentemente reelaboradas, por detalles aplastantemente delatadores.

noticia desaparecidaEl centro donde acabó sus días Maruja ya había recibido reclamaciones varias por trato inadecuado a los residentes. De aquellas, los trabajadores se ofendieron y pretendieron limpiar su honor, expuesto en noticias de prensa, interponiendo una querella criminal contra la presidenta de la Asociación de Familiares. La querella se archivó, lo que también se reflejó en prensa local. No se molesten en buscar la noticia, porque se la tragó el agujero negro de la hemeroteca. Pero la noticia existió, como se ve.

Estas residencias son defendidas por los responsables de los servicios sociales por ofrecer la atención de máxima calidad, y además que cumplen las ratios, pero ese no parece el único problema a abordar.

Goyo, Mila, Luis …aún viven , y posiblemente les queden unos cuantos años en los que  sus vidas serán también la vida de sus familias. Y cuando se vayan, las vivencias tal vez estos años sigan en la mente y en el alma de los que se quedan. “Están mejor que en casa” es la respuesta que dan los representantes de la Federación de Asociaciones de Familiares cuando se les exponen casos como éstos. Y todos contentos.

Los gritos de Maruja martillean mi cerebro a menudo. Nadie nos prepara a los cuidadores para soportar esto, al contrario.

 

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No me chilles que no te veo

imagen

The disease “never stole his ability to recognize those that were closest to him, nor took command of his central-gentle-life affirming core personality. It took enough, but not that

Walker Pearman, sobrino de Gene Whilder a su muerte, según reseña periodística de Carleen Wild

Gene Whilder ha fallecido víctima del Alzheimer viendo cumplido su deseo de que no se revelara su enfermedad, para no verse estigmatizado ni defraudar la imagen que de él tenían sus admiradores.

Menos suerte parece haber tenido Vicente, el anciano “caido” en situación indigna cuya imagen, publicada por el diario el Mundo, nos ha conmovido casi a la par, a lo que Mónica Oltra ha salido al paso anunciando una enternecedora medida: se investigará y tomarán las medidas necesarias contra el osado fotógrafo, al parecer un trabajador del centro. Nos han intentado convencer que el problema es la falta de personal, así que los sindicatos han pedido más trabajadores, y el director del centro, que parece que ya sabía del caso, ha dimitido acosado por el escándalo. Los comentarios han llovido de lo más variopinto: unos piden morir antes de entrar en una residencia, otros se preguntan por qué se pagan tantos millones por la TVV, otros que qué pasa con las voluntades anticipadas, e incluso que se lleve la familia al señor a su casa, unos se escandalizan por haber difundido la foto y los otros lo agradecen, porque así saben cómo se invierten sus impuestos.

Y ustedes perdonarán la osadía de discrepar del clamor único, pero la foto que presentan como prueba de caída en absoluto me parece tal. Sí me parece la prueba de una HUÍDA, concretamente una huida frustrada por un mal enganche de su pierna cuando casi lo había conseguido. Y en realidad es un afortunado porque parece que muchos ancianos –nunca sabremos cuántos, 5 por 1000 según SEGG– mueren en estas circunstancias colgados por el cuello o por compresión torácica. Aquí tienen más ejemplos, también con foto. Y si, por un  instante (tranquilos, puede ser breve), nos ponemos en su piel, podremos entender sus razones: estaba atado, obviamente en contra de su voluntad, puesto que el esfuerzo  que aparentemente realizó hasta zafarse de su situación, dado su frágil estado físico, tuvo que ser inmenso. No sabemos nada de si estaba orientado termporoespacialmente, ni de su estado mental previo pero sí que tenía su objetivo bien claro: huir de su situación indigna, en la que además se vería obligado a aguantarse las ganas de orinar y defecar, o en su defecto, dormir sumergido de sus propias orinas y heces, si es que no lo estaba ya. Es la imagen de una persona desesperada.

Y nos pretenden convencer que es prueba de falta de personal, … ¿para…?  Yo lo que veo claramente es un problema de procedimientos de trabajo, de humanidad, de respeto a los deseos de un ciudadano que no es, ni mucho menos, de segunda categoría.

La Confederación Española de Organizaciones de Mayores se ha pronunciado en el mismo sentido.

En todo caso, nos surge un mar de dudas de lo que le llevó a esa situación:

 ¿Valoró el médico la movilidad del señor antes de decidir  la aplicación de la contención? ¿Le preguntó por su voluntad y conformidad, y tramitó el consentimiento informado? ¿Se lo prescribió, siquiera, un médico? ¿ estaban debidamente registradas las condiciones de uso? ¿Se respetaron? ¿No hubiera sido menos arriesgado dejarle sin barras ni cinturón, con la cama baja, para que pudiera ir al baño, ya que no había personal (al parecer) para aistirle? ¿estaba informada la familia, o fueron ellos precisamente los que decidieron y la residencia  otorgó?

Y luego está lo de la difusión de la foto claro, vulnerando flagrantemente la LOPD y el derecho a la intimidad del buen hombre. Aunque cabría preguntarse también, si estando en tal situación, el señor no hubiera consentido,  e incluso rogado, que se difundiera, para que todo el mundo estuviera al tanto de su infortunio. La familia ha denunciado a diversos medios por atentado contra el honor del anciano. Aquí también estaría en juego el interés publico tal vez, cuyos fondos subvencionan la residencia.

Desde que D. José (91 años, demencia degenerativa primaria) ha necesitado apoyo de cuidados por terceros, bien sea de sanitarios o de servicios sociales, el uso de contenciones impuestas (al principio físicas y últimamente químicas) ha sido sin duda alguna el problema dominante en su calidad de vida, y un gran calvario para su  tutora legal, consciente de la voluntad de su tutelado y de los grandes riesgos que le suponían. “Cuidando al cuidador” le dicen. Por las contenciones físicas impuestas, D. José sufrió una úlcera de talón tras un ingreso hospitalario que precisó  5 meses de curas y recurrió posteriormente, un atrapamiento en las barras de la cama  que precisó asistencia urgente, una caída tras huir precipitadamente después de luchar por liberarse de una silla limitante… Ya no cuela eso de que “es en su beneficio”. Y esta es sólo una de las “anécdotas”:

Durante un ingreso hospitalario, y después de una tarde de sábado en la que hubo de aclararse debidamente a diversos profesionales (auxiliar, enfermera, neurólogo) que D. José no consientía en ser atado, llegó la noche sin posibilidad de acompañamiento familiar, lo que no pareció problema pues D. José se veía tranquilo. A eso de la 1 de la madrugada D. José apareció caminando en el control de enfermería. Había saltado las barras de la cama (que son norma de la casa), y salvado prácticamente todo el pasillo de la planta sin que nadie se percatara, se presupone que en silencio. No es difícil imaginar la escena siguiente: fue deportado a su habitación, al parecer enfadado, “y lanzó el pañal con heces contra la pared”, se le contuvo atándole las muñecas a las barras de la cama y “se pasó toda la noche gritando y no dejó dormir a los demás”. Sus muñecas ocultas bajo la sábana.

La familia sabe que algo que irrita particularmente a D. José es tener el pañal sucio. En tal caso hace todo lo posible por quitárselo, rasga el calzón y el pañal si es preciso y se calma milagrosamente una vez cambiado y limpio. También carece de destreza ya para usar el avisador, y sólo vocea si tiene algún problema que requiera asistencia. Así que parece que su intención era clara: avisar que necesitaba cambio o se encontraba incómodo con el que tenía por haberse ensuciado.

Nadie llamó a la familia, nadie le preguntó si necesitaba algo, simplemente lo ataron, con su visible oposición y su audible protesta cuyas razones parece que no interesaron a nadie. También se hizo caso omiso a la advertencia del médico de guardia reflejada en la historia clínica de que el anciano, por medio de su tutora, había manifestado rechazo a contenciones. Ni se dio comunicación al juzgado, según figura en el protocolo del hospital. Cuando su tutora se asomó a la habitación, muy temprano por la  mañana del domingo, antes de iniciar su guardia laboral,  lo primero que él le dijo fue:

-“Una tijera”

-” ¿El qué…, qué dices?”

-“Una tijera”

-“¿Dices una tijera? ¿para qué?”

Y allí, debajo de la sábana estaba la causa: para cortar las sujeciones. Y se las retiró, claro.

-“¿Ahora estás bien?”

-“Sí, ahora sí.”

D.  José cruzó las manos sobre su pecho y cerró los ojos para dormir. Aún no eran las 8 de la mañana. Y allí se quedó ella con el corazón encogido, contemplando al hombre que -siendo muy pequeña-  consideraba el más fuerte del mundo, e intentando borrar de su mente la imagen de noche de angustia. Poco tiempo pudo quedarse, porque tenía que irse a trabajar.

A día de hoy sigue siendo un misterio la razón por la que no se le puso una mordaza. Al menos hubiera sido más cómodo para los demás.

Y, por cierto, en la residencia en la que vive D. José (pública) está terminantemente “prohibido hacer fotos en todo el recinto”. La opinión del residente (o representante en su caso) no importa. Tendremos que pensar que algo tienen que ocultar.

Aquí es donde uno se acuerda del lema de la campaña francesa “La sujeción que ata anula la confianza en la mano que cura”. ¿En serio queremos más personas y que perpetúen los mismos procedimientos de trabajo? Nos empeñamos en que las personas como Gene Whilder, D. Jose y (suponemos) Vicente, tienen que asumir el beneficio de las contenciones que se les aplican, y la realidad es que lo único que se logra con ellas en generar conflitos que se engrandecen conforme pasa el tiempo, porque ellos  no pierden la memoria emocional. Jamás deberíamos esperar su confianza hacia las “batas blancas” si una sola vez se han sentido mal tratados por ellas. Luego dicen que los ancianos “se agitan” en los hospitales.

Y ahora podemos cerrar los ojos, olvidar la desagradable escena, y pensar que esto no ha sido más que un mal sueño de una noche verano. Shss….Ya pensaremos lo que hacemos cuando despertemos.

Para quien esté interesado en las sujeciones químicas, pronto pueden recibir formación en el simposium organizado el próximo día 21 por la Fundación María Wolff.


Un antibiótico cada 8 horas tiene que ser UN ANTIBIÓTICO CADA 8 HORAS

“La mente que se abre a una idea jamás volverá a su tamaño original”.

Albert Einstein, físico alemán, 1879-1955

bacteria

En el #Díaeuropeoparaelusoprudentedelosantibioticos D. José va a servir de apoyo a la reflexión del uso correcto de tan preciosa herramienta terapéutica, en un nuevo capítulo de final incierto. Ello mientras la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios y la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica crean comités para reflexionar sesudamente acerca del buen uso de los antibióticos, la OMS no cesa de advertir en el riesgo del desarrollo de resistencias a los antibióticos disponibles actualmente, y se coordinan a nivel europeo unas cuantas actividades de concienciación, con material informativo y datos relacionados de gran valor que se pueden consultar aquí .

Y de paso me centraré en las infecciones urinarias en las residencias geriátricas, uno de los mayores problemas de los ancianos, causa muy frecuente de ingresos hospitalarios, y de muchos otros problemas secundarios.

D. José es un anciano con demencia institucionalizado desde abril de 2013, y en una nueva residencia desde inicio de 2015. Es incontinente y usa pañal desde su instucionalización. Nunca ha sufrido una infección urinaria.

  • 22/7/2015: tras comportamiento anómalo y realización de tira de orina con resultado +++ se le diagnostica infección urinaria. Afebril (toma analgésicos/antipiréticos por dolores en pierna con prótesis). Se instaura tratamiento empírico con ciprofloxacino 500mg /12 hdurante 7 días (antibiótico de uso restringido en el hospital de referencia) por prescripción telefónica . No se realiza análisis sanguíneo ni urinocultivo pre ni post. La historia clínica de centro de salud en esos momentos no está debidamente organizada, y no figura ningún episodio clínico creado con anterioridad a la llegada al centro geriátrico (20/1/2015).
  • 16/9/2015: tras observación de evidente hematuria en pañal y realización de tira de orina con leucos +++ y hematíes +++, estando afebril y en bastante buen estado, se realiza un urocultivo para lo que se precisa sondarle, en principio sin problemas, hasta llegar a un punto en el que se le hizo daño y D. José se rebeló al procedimiento. La enfermera lo achaca al paso por la próstata (¡aunque D. José ha sido intervenido hace 30 años de prostactectomía radical!). Se prescribe fosfomicina 500 mg/8 horas durante  7 días. Siete días después aún persiste la hematuria, lo que la enfermera achaca a un pequeño trauma por el sondaje. Se solicita urocultivo de nuevo, también con sondaje, esta vez ya con la oposición franca de D. José, porque su experiencia previa.
  • 1/10/2015: con persistencia de hematuria ocasional, se le encuentra en estado confusional y en el suelo por la mañana. Afebril. Se remite al hospital de referencia. INGRESO HOSPITALARIO DEL 1 AL 5 DE OCTUBRE.

Hematimetría: Leu 15,9*10e9/L, segmentados 11,3*10e9/L,  Linfocitos 2%, cayados 24%, hematies 3,6*10e12/L, Hb 10,2g/L, hematocrito 31,1%, prot. C reactiva 4,71mg/dL, creatinina 1,68 mg/d/L (0,97 su penúltima analítica el 11/6/2014 y 1,29 la previa del 15/9/2015) , filtrad0 glomerular 35 mL/min/1,73m2.

Examen microscópico de orina: flora bacteriana abundante leucocituria intensa, hematuria ligera, histiocitos, macrocristales de fosfato triple, cilindros hialinos

Antibiograma:se aisla Proteus mirabilis >1.000.000ufc/mL sensible a ampicilina, amoxicilina/clavulánico, ceftriaxona, gentamicina; resistente a ciprofloxacino, cotrimoxazol, norfloxacino

Se trata con amoxicilina/clavulánico 1g/200 mg IV cada 8 horas (9h-17h-01h) en hospital y 5 días más al alta con dosis oral (comprimidos) de 875/125 mg.

  • 13/10/2015: nueva hematuria. Afebril. En conversación con la tutora, la enfermera comenta que ha escupido algún comprimido. La obtención de muestra de orina el 16 de octubre fracasa porque se intenta nuevo sondaje y D. José se opone. muestra orinaEl geriátrico le remite a urgencias de hospital  para que intenten el sondaje, allí le colocan un dispositivo externo para obtener la orina en bolsa.  Sin problemas, y además con buena colaboración.

El análisis del sedimento de orina es prácticamente igual al del 1/10/2015; se aisla también P. mirabilis con similar resultado de antibiograma, aunque en este caso sensible a cotrimazol y resistente a fosfomicina.  En urgencias se prescribe  15 mL/8 horas  de suspensión de amoxicilina 250mg/ácido clavulánico 62,5mg/5mL, presentación inicial en polvo, de uso habitual en pediatría, que requiere agitación del frasco antes de la carga en la jeringa que se utiliza al efecto, y conservación en nevera hasta el momento de uso, es decir, un cierto cuidado hasta el propio momento de administración.

En conversación con el personal del geriátrico, la tutora pide aclaración acerca de los horarios de administración de los antibióticos, y efectivamente comprueba que los medicamentos cada 8 horas se administran en pauta desayuno-comida-cena (o sea: a las 10 h- 13 h – 19:30 h en la planta de D. José). Y así en todas las residencias geriátricas públicas de la comunidad autónoma, al menos en aquellas con dos turnos de enfermería. Se le asegura que son los “procedimientos de trabajo”. (¿¿??). Tras un cierto regateo, consigue un cierto compromiso de que se espacien los intervalos diurnos, al menos ajustándose a la primera y última hora de horario de enfermería como puntos extremos de administración.

El 3/11/2015 se recoge nueva muestra de orina (control post), con los dispositivos de recogida similares a los aplicados en el hospital previamente, adquiridos al efecto por la familia (45 €), ya que la residencia no dispone de ellos y los médicos están ausentes. Como tardaba en orinar, se dejó a D. José con el dispositivo colocado durante tiempo indeterminado; esta muestra da como resultado “flora mixta” por posible contaminación, lo que obliga a tomar otra el 6/11/2015, en la que se aisla el mismo Proteus que las muestras anteriores.

  • Ante el empeoramiento evidente de estado, el 7/11/2015 D. José es llevado a urgencias por la familia, y se le hace nueva analítica, placa, sedimento de orina…Se inicia nuevo tratamiento con cotrimoxazol 400/80 cada 12 h y se toma nueva muestra el 17/11/2015. Actualmente está en espera de los resultados del cultivo de orina post.

EN RESUMEN: 5 tratamientos con 4 antibióticos diferentes y 6 presentaciones distintas, dos visitas “domiciliaria” del médico de cabecera, 3 visitas a urgencias hospitalarias, 5 días de ingreso hospitalario, 4 antibiogramas (uno fallido), dos analíticas completas, etc, etc …para combatir una infección urinaria penicilín -sensible y nada complicada en inicio.

A simple vista, el caso de D. José ha transgredido al menos los puntos  6, 8 y 9 del Decálogo de Buen Uso de Medicamentos.

En realidad el punto 5 también estuvo a punto de transgredirlo porque al alta hospitalaria, y antes de disponer del antibiótico adquirido por receta en la residencia -que carece de Servicio de Farmacia-, le propusieron  realizar la continuación de tratamiento usando los “sobrantes” disponibles ( y que no se entere nadie de esto ¿eh? Es que les sienta mal que lo difunda). Sin duda se hizo con buena fe, por supuesto.

No es difícil vislumbrar las posibilidades de propagación de gérmenes hospital-comunidad con este vaiven de ancianitos toqueteados por muchas manos
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Desde el momento del diagnóstico hasta el final del tratamiento antibiótico de un anciano en residencia geriátrica  (y concretamente de un varón con demencia) hay muchas dudas que resolver, algunas  de ellas estupendamente explicadas en la revisión sobre riesgos asociados al uso de antimcrobianos en personas mayores.

1.- Ante una infección urinaria en residencia geriátrica…¿ Se debe realizar antibiograma?

La ortodoxia de la consideración en una primera infección urinaria ordinaria, sin complicación aparente, no tendría por qué realizarse urocultivo, lo que avalan las guías de práctica clínica.

urocultivo

En residencias con alta prevalencia de infecciones, especialmente por gérmenes multirresistentes, en ocasiones se podría recomendar los urocultivos con mayor asiduidad.

A partir del segundo tratamiento antibiótico, ante la presencia de hematuria macroscópica persistente u ocasional, a pesar de la ausencia de fiebre, es evidente que el urocultivo era necesario para el adecuado control de infección de D.  José.

2.-¿Cual es el antibiótico apropiado en un tratamiento empírico? 

La pregunta no es sencilla. E. coli es el microorganismo más prevalente, y después figuran P. mirabilis y otros bacilos gram negativos. Un estudio en ámbito próximo también apunta a que la ciprofloxacino es el antibiótico más usado, aunque con un alto porcentaje de resistencias (62%).

Se requiere conocer el patrón microbiológico y de resistencias locales, y tener en cuenta las características específicas del paciente: con insuficiencia renal se requiere ajuste de dosis. Una deficiente hidratación puede ocasionar cristaluria asociada a ciprofloxacino, por lo que se debe evitar también exceso de alcalinidad en orina. También puede producir nefritis tubulointersticial.

La amoxicilina/clavulánico puede ser opción adecuada en zonas con bajas resistencias.

3.- Fundamental en las penicilinas: la acción es tiempo-dependiente sobre la concentración mínima inhibitoria (MIC)

Una vez superado el escollo del diagnóstico certero y que se ha elegido antibiótico adecuado como tratamiento, no nos podemos permitir el lujo de realizarlo mal. Hay que tener muy en cuenta la relación farmacocinética/farmacodinamia además de conocer la posibilidad de efecto postantibiótico, lo que guía el procedimiento más apropiado de administración. En realidad, estos detalles de acción se conocen mediante estudios de cada antibiótico frente a cada microorganismo. Los betalactámicos poseen actividad dependiente de tiempo: una vez alcanzadas concentraciones apropiadas, no excesivamente altas, deben mantenerse por encima de la CIM por el mayor tiempo posible. Se sugiere que este tiempo de permanencia supere el 50% del intervalo de dosificación. Por ello, en administración intravenosa algunos expertos sugieren que ciertas infecciones graves se tratan mejor con una infusión continua de estos fármacos, en lugar de la administración intermitente, lo que en realidad tiene como limitante la estabilidad de las mezclas.

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Entre las 19:30h de la tarde y las 10:00h de la mañana siguiente transcurren 14,5 horas, tiempo suficiente para que las concentraciones de la amoxicilina desciendan hasta niveles que pueden ser casi indetectables, dada su corta vida media (aproximadamente 1 hora). Claro que … con función renal alterada estas previsiones pueden variar, aunque se tendría que disponer de más datos para valorar esta posibilidad.

Asimilar el horario “cada 8 horas” a la pauta “desayuno-comida-cena” puede ser aceptable en personas con vida activa, pero no en personas asistidas en residencias geriátricas cuyos horarios de comidas se concentren en periodo inferior a 18 horas. Además el uso frecuente de hipnóticos dificultaría la administración nocturna de fármacos, lo que se debe tener también en cuenta en el caso de que se pretenda una administración “cada 8 horas” de forma correcta. En algunas guias esto se expresa: “Para obtener un máximo efecto antimicrobiano, la amoxicilina se debe administrar a intervalos regulares durante el día y la noche, o lo más espaciado posible durante el día”.

4.- Un poquito de humanidad: tomar la muestra de orina mediante sondaje a un paciente con demencia, que no entenderá la razón del procedimiento, puede no ser una buena idea. Si mantiene su memoria reciente, el profesional puede ganarse un enemigo de por vida… y dificultar enormemente el trabajo futuro de otros profesionales sanitarios. HAY QUE BUSCAR LA FORMA MENOS INVASIVA POSIBLEDE PARA RECOGER LA MUESTRA. Procurar “colaboración” mediante administración de tranquilizantes no es ético (ni legal posiblemente) si existen posibilidades menos dañinas.

Información de última hora (20/11/2015):

Se emite el último resultado del urocultivo y antibiograma post-tratamiento con clotrimazol, con muestra obtenida el día 17/11/2015 (con uso del dispositivo de recogida externo, sin problema):

antibiograma

Recapitulamos: D. José ha estado tratado por infección urinaria (posiblemente la misma) con 5 tratamientos distintos, tres de ellos han resultado resistentes al germen causante. Alguna de las opciones de tratamiento es poco recomendable (gentamicina, posiblemente también ciprofloxacino) por el debut de insuficiencia renal. Mantiene sensibilidad a betalactámicos, aunque la administración correcta del elegido por los médicos resulta poco menos que ardua en su ámbito de atención. Sea o no esta la razón, se ha observado “resistencia clínica” al tratamiento con amoxicilina – clavulánico en dos ciclos distintos.

Veredicto (20/11/2015) para el día de hoy: 

  • se encuentra asintomático (afebril, sin alteración de comportamiento),
  • aunque el 18/11 se ha observado “orina oscura”, en el día de hoy no se aprecia hematuria macroscópica,
  • el análisis sistemático de orina  leucocituria intensa, hematuria moderada y cristales de fosfato triple en orina;
  • el hemograma muestra ligera mejoría de su función renal (creatinina en plasma 1,25 mg/dL), sin leucocitosis…

Se considera que, en el día actual, tiene una bacteriuria asintomática (BA), cuya pertinencia de tratamiento farmacológico es dudosa.( “El manejo y tratamiento de la BA en pacientes con enfermedad renal crónica no esta resuelto en el momento actual, así como tampoco el manejo de la BA por Proteus mirabilis en hombres y mujeres jóvenes”), advirtiéndose con frecuencia sobre el riesgo de sobreuso de antibióticos en ancianos con BA, por posibilidad de padecimiento de efectos adversos y complicación de tratamientos posteriores por desarrollo de resistencias.

De acuerdo con su tutora, se recomienda “observación domiciliaria”, y no se agrega tratamiento antibiótico.

Suma y sigue…

He intentado dar unas pinceladas sobre la complejidad del tema cuando se trata de ancianos con demencia asistidos en instituciones con “procedimientos de trabajo” cerrados y sin posibilidad de discusión.

Como recomendación final, aunque no figure explícitamente en las guíaslo más razonable ante una infección urinaria de un anciano con demencia e institucionalizado es optar por las alternativas antibióticas con mayor posibilidad de éxito (según antibiograma específico o, en su defecto, patrón de resistencias local), siempre priorizando aquellas preparaciones de administración, manipulación y conservación más simple (ej. cada 24 horas o cada 12 horas, que no sea de forma farmacéutica voluminosa ni de liberación modificada,  que no requiera agitación previa ni conservación en nevera…).


Historia de una caída en residencia social (noviembre 2014)

“No son los golpes ni las caídas las que hacen fracasar al hombre;sino su falta de voluntad para levantarse y seguir adelante”
Anónimo

-¡Un médico, un médico!

-Yo soy médico, tranquilícese, ¿qué pasa?

-¡Ahhh, otro, otro, están por todas partes!

SKT (@sketchproduce), 26 de abril de 2013

 

Jueves 6 de noviembre de madrugada (6 de la mañana): encuentran caído a D. José en el baño geriátrico situado en el fondo del pasillo de su planta (1ª),  en la residencia geriátrica que es ahora su hogar. La 1ª planta es la de los residentes sujetos a mayor supervisión.

 Los antecedentes deben explicarse con calma.

D. José y su familia conocían desde 2007 del padecimiento de isquemia crónica en extremidades inferiores (claudicación intermitente grado IIb) del que se había dado de alta para seguimiento por su médico de familia en el servicio de cirugía vascular, por no considerarlo candidato a intervenciones agresivas. En sus tiempos estuvo a tratamiento con Hemovás®. La claudicación intermitente dejó de preocupar a D. José tras padecer un infarto de miocardio en 2008, posiblemente porque comenzó un tratamiento de doble antiagregación (clopidogrel 75 mg + ácido acetil salicílico 100 mg). En octubre de 2013 se le suspendió el primero de los antiagregantes. Además, desde marzo de 2012 tiene pautado bisoprolol 2,5 mg, como tratamiento de episodios de fibrilación auricular paroxística, con dudoso diagnóstico,  ya que no hubo manera de realizar un Holter a D. José en aquellos momentos, y además estaba a tratamiento con galantamina – que se suspendió.

Durante el último año, al menos una vez le había llamado al personal de la residencia la atención el color violáceo en manos (18/11/2013), atribuyéndose al frío. En octubre de 2014, en la residencia se han fijado durante el vestido y aseo que esa llamativa tonalidad se observa por momentos también en sus pies y piernas, y lo han considerado motivo de consulta médica. El 2 de noviembre la enfermera del geriátrico comentó con la tutora de D. José tal cuestión, aclarando que en “días previos” se había “hablado” con su médico de cabecera,  y ésta había opinado que tal vez habría que replantearse el tratamiento con betabloqueante, aunque el tema había quedado en expectativa de observación y evolución los siguientes días.

batman ancianoA primera hora de la mañana del día 5 de noviembre  se comunicó a la tutora de D. José desde la residencia que se le observaba las manos muy violáceas y que, puestos en comunicación telefónica con su médico de AP, ésta había considerado que lo oportuno era llevarlo a urgencias del hospital local de referencia (sin servicio de cirugía vascular), porque la tramitación de una consulta de cardiólogo demoraría mucho la atención. A modo de curiosidad, la tutora de D. José estaba disfrutando de sus últimos días de sus vacaciones anuales, disfrute consistente en cuidar de su hijo menor de edad, a reposo absoluto por una muy reciente intervención quirúrgica. Como paso lógico solicitó que, previamente a la derivación a urgencias, se requiriera por lo menos visita una domiciliaria a la médico de cabecera. Tras contactar con ella, la médico le aclaró que ya había ido a ver a D. José el 23 de octubre (primera noticia para la tutora), y que consideraba que cualquier cambio de tratamiento (por ejemplo suspensión del bisoprolol) tendría que ser valorado por un especialista (por ejemplo, cardiólogo). Por insistencia de la tutora, la médico de  cabecera fue a ver a D. José  de nuevo a última hora de ese día, y manifestó encontrarlo peor que en la visita previa del 23 de octubre, reafirmándose pues en la decisión de derivar a las urgencias de hospital local.

La tutora hubo de movilizarse para procurar a su hijo el debido cuidado mientras acudía a acompañar a D. José.

En urgencias del hospital local, afortunadamente la atención no se demoró demasiado. En un par de horas, la médico de urgencias lo exploró, valoró, realizó analítica, ECG y consideró que el padecimiento de D. José era crónico y no agudo, por lo cual no procedía derivación a hospital de nivel superior por situación urgente (hospital que sí contaría con servicio de cirugía vascular), emplazando en el informe de alta al médico de cabecera para que solicitase consulta con el especialista en vascular -que pasa visita en el área un día a la semana-, sin realizar cambios respecto a la medicación que llevaba previamente. El informe de alta emitido, en cualquier caso, contenía datos erróneos en el apartado de la “medicación previa”, ya que sobran cuatro medicamentos y faltan tres: en realidad se ha reflejado el tratamiento que llevaba hace 6 meses, último ingreso de hospital, sin tener en cuenta las modicaciones de tratamiento realizadas posteriormente en el centro concertado de media estancia, asistido por geriatras, al que se le había derivado a D. José para rehabilitación, y cuyos informes al parecer son opacos informáticamente al hospital local .

 En resumen: médico de cabecera contento por traslado de responsabilidad al hospital, médico de urgencias contento por devolución de responsabilidad a médico de cabecera, personal de la residencia contento por tener atendido al anciano, una consulta para solucionar el problema de salud en ciernes (plazo indeterminado), un informe de alta con información que pudiera ocasionar confusión en cuanto el tratamiento a seguir, nieto desesperado esperando por su madre, hija de D. José (y tutora) con herpes crónico en brote en plenas vacaciones…

¿y D. José? Pues en urgencias se alteró como hacía tiempo que no lo hacía: primero se quiso marchar porque no entendió qué hacía allí, aunque cejó en su empeño cuando llegó su tutora a acompañarlo, le desvistieron, se dedicó a vigilar con suspicacia todo lo que ocurría alrededor, peleó con su pañal hasta quitárselo, se agarró desesperadamente a las barras de la camilla cuando intentaron volver a vestirle estando echado, oponiéndose hasta rasgar su camiseta, y por fin, una vez sentado, se logró su colaboración.  De vuelta al geriátrico volvió a mostrarse intranquilo. Y por la noche hizo lo que hacía meses que no hacía: levantarse (váyase a saber a qué hora), salir de la cama – se supone que sorteando las barras- saltando desde una altura de cama pensada para la comodidad de trabajo de las auxiliares, no para que los residentes no caigan de altura, recorrer el pasillo a oscuras sin apoyo, y acabar en el “baño geriátrico”, donde se almacenan todo tipo de enseres de trabajo: pañales, carritos, geles, sillas para la ducha… En torno a la cena del día 6 de noviembre aún no había recuperado su normalidad: para ir a su habitación en lugar de caminar hacia delante se le ocurrió caminar hacia atrás (primera vez que se le observa tal originalidad). Tras un rato acompañado por su nieto – al que hubo de procurársele una silla de ruedas – y su hija,  pareció más tranquilo (ya veremos).

 A nota de curiosidad: el baño geriátrico sólo cierra con manilla simple, y D. José ya se había colado alguna que otra vez en él. En una ocasión (16/1/2014) descolocó los enseres allí almacenados, por lo que  los responsables del centro hicieron fotos para demostrar la inconveniencia de su comportamiento, otras vez al menos se le encontró caído (18/3/2014) y otras simplemente enredando. Por tal razón su tutora solicitó el 31/3/2014 que se procurara la debida seguridad en los lugares accesibles a los residentes y, efectivamente,  se puso remedio a los intentos de intrusión en el baño geriátrico de la 1ª planta pegando un cartel (véase la foto). Posiblemente con la oscuridad D. José no se percató de la advertencia, claro.  

IMG_20141106_190620 baño geriatrico  ¡Ojo!: el 100% de los residentes de la 1ª planta tienen algún problema físico para acceder o problema para comprender el significado del avisoDibujo bis

La seguridad en el geriátrico está evidentemente resuelta. Los problemas del sistema sanitario parece tener más solución más compleja.

Milagrosamente parece que D. José no ha sufrido ningún daño físico importante, y sigue jugando con su nieto: http://youtu.be/N_hnfGQL4qg.

 


Anotación de psicotropos en “libro recetario”…¿por…? ¿para…?

Si te dan el papel pautado, utiliza el otro lado

Juan Ramón Jiménez (1881-1958)

Parece cuestión de otros tiempos, pero sí, así es: la Agencia del Medicamento y Productos Sanitarios  ha recordado, en la nota informativa con referencia ICM 01/2013, que los psicotropos relacionados en el Anexo 1 del RD 2829/1977 tienen que seguir anotándose en el libro recetario. Este Real Decreto es “por el que se regulan las sustancias y preparados medicinales psicotrópicos, así como la fiscalización e inspección de su fabricación, distribución, prescripción y dispensación”, que aún sigue en vigor. Los requisitos de control con este tipo de medicamentos también se contemplan en el RD de receta médica de 2010 pero, hasta entrado el siglo XXI, no se han habilitado procedimientos para que el libro recetario sea electrónico en comunidades como Madrid, Aragón, Valencia, …

Algunos profesionales sanitarios levantan la ceja cuando se les explican los controles que nos vemos obligados a supervisar los farmacéuticos para garantizar un uso adecuado (y lícito) de psicotropos, según legislación y acuerdos internacionales, en vigor desde hace muchos años. Y parece hasta increible que exista tal sistema de control, si se observa la deriva creciente de uso en España, aparentemente imparable y desbocada. Las estrategias de deshabituación parecen resultar ciertamente penosas para nuestra estructura sanitaria.

Podemos recordar la implicación de psicotropos en casos delictivos mediáticos recientes para percatarnos de que la banalización del uso y de su disponibilidad tiene graves consecuencias:

  • caso Bretón (Ruth y José): se le juzga entre otras cosas por “…si camino de la finca de Las Quemadillas suministró tranquilizantes a los pequeños para facilitar su adormecimiento total y/o su muerte”
  • caso Asunta: “los análisis demuestran que Asunta recibió una dosis letal de ansiolítico”
  • Pederasta de Ciudad Lineal: “El presunto pederasta de Ciudad lineal narcotizaba a las menores con orfidales”

Realmente estos casos son simplemente una gota en el mar: los psicotropos están vinculados con una gran variedad de delitos, desde violaciones hasta robos, pasando por tráfico de sustancias prohibidas y falsificación de recetas . La implicación de profesionales sanitarios en estos delitos/faltas está fuertemente castigada. No hay excusa posible para que un profesional alegue desconocimiento de la legislación que se aplica a psicotropos, ni de las consecuencias que supone sortearla.

En otro plano distinto, los psicotropos son protagonistas de gran número de  intoxicaciones medicamentosas, posiblemente por la disponibilidad y preferencia de uso en intentos autolíticos. La intoxicaciones en niños son especialmente preocupantes y confirman la baja percepción del riesgo en el hogar.

Las consecuencias de la inducción del uso en ancianos, muchas veces para “facilitar” su “cuidado”, por emplear un eufemismo, tiene consecuencias devastadoras:  caídas fracturas de cadera (atribución estimada en España de un 8,2%), traumatismos en general,  enfermedad de Alzheimer… De hecho los pacientes ancianos atendidos por traumatismos en urgencias tienen más probabilidad de ser usuarios de benzodiacepinas y además estar institucionalizados.

Por tanto, ¿precisan controles? Parece que sí, indudablemente. La Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes, dependiente de la ONU, tiene un apartado de trabajo dedicado específicamente a la circulación internacional y evolución en consumo de los psicotropos, emitiendo informes anualmente. Otra cuestión es si los procedimientos de control actuales para el uso lícito tiene alguna utilidad determinante, o si las fisuras del sistema los convierten en inútiles en la práctica.

Pensemos ahora en la cantidad de psicotropos que se mueven en una residencia geriátrica: si, tomando datos disponibles, un 66% de institucionalizados reciben medicación psicotrópica, en una residencia sin servicio de farmacia, con 100 residentes, y suponiendo que sus envases estén a medio consumo (aprox. 15 comprimidos por persona), la persona que prepara la medicación tiene a su alcance diariamente y distribuye ¡990 comprimidos de distintos psicotropos!

D. José es un señor ingresado en residencia geriátrica. El 24 de abril de 2014 pudo ser víctima de un error de medicación con un psicotropo a la cena, consistente en la administración de doble dosis de la prescrita, aunque ese día al menos no le alcanzó porque lo descubrió su familiar. D. José tenía prescrito alprazolam 0,25 mg , que todos los días se le administraba con un comprimido blanco y redondo. El día 20 de abril tenía en el pastillero un comprimido rosa con inscripción UPJOHN55 que se puede identificar perfectamente con Trankimazin 0,5 mg, a pesar de haber sido desemblistada.  No obstante, el familiar no estaba al desayuno, momento en el que también tenia prescrito medio comprimido de alprazolam 0,25.tranquimazin descripcion

Medicación de D. José a la cena (20/4/2014)

Medicación de D. José a la cena (24/4/2014)

  ¿Cómo llegó este comprimido al pastillero de D.José si lo prescrito (y dispensado por la farmacia según la factura) era alprazolam 0,25 mg?

Comprimidos sobrantes de D. José, por suspensión de tratamiento el 28/5/2014

Comprimidos sobrantes de D. José, por suspensión de tratamiento el 28/5/2014

La explicación ofrecida por la enfermera a la pregunta fue que “la farmacia puede haber dispensado otro genérico distinto, pero también es alprazolam 0,25“. Craso error: aunque la equivalencia en la apariencia de genéricos no se logra, al menos en este medicamento se viene respetando el color de los comprimidos respecto al de referencia (Trankimazin).

 La explicación puede tener varias respuestas. La compartición de medicación entre residentes que tienen el mismo tratamiento es la menos probable, ya que parece que se ha mermado considerablemente desde que el RD 16/2012 obliga a que los antiguos “pensionistas” tengan que aportar en la compra de sus medicamentos, entregándose en las farmacias, además, a cada residente su propia factura, por lo que originaría protestas. Lo que sí parece plausible es la existencia de un “botiquín” de medicamentos variados, ya que en el geriátrico de D. José se practica – y se reconoce sin pudor- la recogida de los medicamentos remanentes de residentes, por fallecimiento o suspensión de tratamiento, para “reciclado”, con permiso del usuario que lo ha pagado, obviamente. De hecho, tras la suspensión del tratamiento de alprazolam de D. José, en octubre a su tutora se le entregó la medicación sobrante, y ante el comentario de que se tiraría el alprazolam en punto limpio, se requirió su donación para el botiquín del centro, o aprovechamiento en otro usuario. No obstante… alprazolam es un psicotropo .
Aplicando la proporción citada en bibliografía de residentes con psicotropos, en una residencia con las características de la de D. José (82 residentes), un enfermero/a tiene más de 800 comprimidos para distribuir o mantener en el cajetín de cada residente, mientras que la administración la realiza al día siguiente otro enfermero/a distinto, con la medicación desemblistada, como se puede ver.  ¿Es posible que una sola persona pueda controlar esta cantidad de medicación hasta el punto de percatarse  de errores, pérdidas o “desapariciones misteriosas”?

En la Orden de 14 de enero de 1981 por la que se desarrolla el RD 2829/1977, se especifica que no se permitirá la existencia de sustancias psicotrópicas en los botiquines de urgencias y además “NO SE PERMITIRA LA EXISTENCIA EN EL HOSPITAL DE SUSTANCIAS PSICOTROPICAS FUERA DE LOS SERVICIOS FARMACEUTICOS. DE IGUAL MODO NO SE PERMITIRA LA EXISTENCIA DE TALES SUSTANCIAS, EN AQUELLOS CENTROS HOSPITALARIOS QUE CAREZCAN DE SERVICIO FARMACEUTICO”.  El resto de “centros” ni se contemplan, pero estarían implícitamente desautorizados para la creación de botiquines con este tipo de sustancias. En 2014 parece que la realidad ha superado ampliamente la imaginación del legislador  de hace 33 años, y se ha complicado las situaciones en las que se requeriría el control de los acúmulos más voluminosos de psicotropos .  De hecho,el unico control de psicotropos en residencias geriátricas sin servicio de farmacia (inmensa mayoría en España) y suministradas por oficinas de farmacia, en la práctica, es el apunte de libro recetario.

Se supone, por tanto,  que D. José tenía su dispensación de alprazolam 0,25 apuntada en el libro recetario, lo mismo que lo habría tenido el residente que “donó” el Trankimazín 0,5 que se colocó en el pastillero de D. José. De igual modo, alguna otra persona tenía asignados los tranquilizantes que posiblemente le dieron a Ruth y José, a Asunta, y a las víctimas del pederasta de Ciudad Lineal. Seamos sinceros, aparte de los fines meramente estadísticos, tanto apunte… ¿previene algo…?

Que la sociedad y las instituciones se rasguen las vestiduras por incumplimiento de “protocolos” es muy loable, pero también deberíamos preocuparnos de lo escandaloso que resulta el incumplimiento de la legislación más básica. Cuando no, de lo inútil que parece en la práctica.